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Artículo de Revisión

Cavidad oral: importante sitio de vigilancia inmunológica

Stefania Santo, María Fernanda Suárez, Horacio Marcelo Serra

ARCHIVOS DE ALERGIA E INMUNOLOGÍA CLÍNICA 2011;(1):0024-0033 


La cavidad oral es el principio del tracto digestivo y uno de los sitios del cuerpo más expuestos al ingreso de todo tipo de patógenos, tanto del aire como de los alimentos. Aunque varios excelentes artículos han examinado distintos aspectos de tejidos linfoides asociados a mucosas (MALT), no hay suficiente información acerca de la respuesta inmune en la cavidad oral. En esta revisión destacamos algunos aspectos sobre la anatomía / histología de la cavidad oral, estructuras asociadas y células o moléculas con crucial función inmunológica contra antígenos que ingresan en la boca. Los estudios sobre la mucosa oral han adquirido mucha notoriedad últimamente debido a que ofrece una excelente accesibilidad y evita la degradación de las proteínas y péptidos.
En la cavidad bucal se puede generar una respuesta inmune apropiada contra microorganismos, en donde además de la IgA salival muchas otras moléculas son liberadas y cumplen un rol protagónico. A pesar de todos estos factores de defensa, existen momentos en donde el individuo se encuentra más expuesto, dependiendo de la edad, factores hormonales, genéticos, hábitos de fumar y la actividad física, ya que todo esto modifica la tasa de flujo salival, tasa de secreción y concentración de IgA salival y demás proteínas.


Palabras clave: cavidad oral, IgA, defensinas, células dendríticas.

The oral cavity is the beginning of the digestive tract and one of the most exposed body sites to the entry of all types of pathogens in the air as food. Although several excellent articles have examined various aspects of mucosa-associated lymphoid tissue (MALT), there is insufficient information about the oral cavity immune response. In this review we highlight some aspects of the anatomy / histology of the oral cavity, associated structures and cells or molecules with crucial immunological function against antigens that enter the mouth. Studies on the oral mucosa have gained much notoriety lately because it offers excellent accessibility and prevents the degradation of proteins and peptides.
In the oral cavity can generate an appropriate immune response against microorganisms, where salivary IgA in addition to many other molecules are released and play a role. Despite these defense factors, there are moments where the individual is more exposed, depending on age, hormonal factors, genetic, smoking habits and physical activity, and that this changes the rate of salivary flow rate secretion and concentration of salivary IgA and other proteins.


Keywords: oral cavity, IgA, defensins, dendritic cells.


Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. Para solicitudes de reimpresión a Archivos de Alergia e Inmunología Clínica hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado

Tabla 1. Características histológicas de la cavidad oral. Variaciones regionales de la mucosa or...

Figura 1. Diferencias histológicas entre la piel, cavidad oral e intestino.

Figura 2. Anillo de Waldeyer.

Figura 3. Glándulas salivales

Figura 4. Secreción de IgA-s por las células plasmáticas.

Figura 5. Distribución de LCo y MCtq en la mucosa oral.

 

Introducción

 

La enorme complejidad del sistema inmune que recubre el tracto gastrointestinal probablemente es un reflejo de la diversidad de la biomasa de los microbios que pasan a través de él y/o lo colonizan. Es lo que sucede en la cavidad oral, principio del tracto digestivo, en donde el sistema inmune de mucosas debe reconocer y eliminar los patógenos mientras intenta tolerar comensales inofensivos, lo cual es una de las propiedades más importante del sistema inmunológico, esencial para mantener la homeostasis [1].

Una actividad importante de las superficies mucosas es la producciónde IgA secretora (IgA-s), producida por células plasmáticas (linfocitos B diferenciados) adyacente a conductos y acinos de las glándulas salivales [2]. Ésta funciona como primera línea de defensa a través de un mecanismo llamado exclusión inmune, que impide que todo tipo de antígenos y microbios se adhieran al epitelio y lo penetren [3]. Una alta incidencia de infecciones se presenta en individuos que poseen deficiencia selectiva de IgA o una baja tasas de flujo salival. Por otra parte, altos niveles de IgA salival se asocian con baja incidencia de infecciones del tracto respiratorio superior [4].

La IgA-s no actúa sola, sino que complementa su papel junto a otras proteínas presentes en la saliva que protegen la mucosa oral, como la alfa-amilasa, que inhibe la adhesión y el crecimiento de bacterias específicas, la lisozima, que facilita la destrucción de bacterias por escindir el componente polisacárido de sus paredes celulares y la lactoferrina, que tiene actividades antiinflamatorias y antimicrobianas y compite con las bacterias por el hierro férrico, de manera que previene el crecimiento bacteriano, entre otras [5].

La cavidad oral es una compleja estructura capaz de montar una respuesta inmunológica innata y adaptativa [6], gracias a la presencia de sitios inductivos que recientemente se están investigando [7] y gracias al rol que cumplen las células dendríticas de mucosa, que captan los antígenos, los procesan y presentan, a fin de generar células B secretoras de IgA específica que van a migrar hacia otros sitios, como las glándulas salivales [8,9].

 

Anatomía e histología de la cavidad oral

 

La boca es el principio del tracto digestivo. Está dividida por las arcadas gingivodentarias en dos partes, una periférica o vestíbulo de la boca, y otra central, o cavidad bucal propiamente dicha. La cavidad bucal está limitada hacia delante y hacia los lados por las arcadas gingivodentarias, hacia arriba por la bóveda palatina y hacia abajo por el piso de la boca. Hacia atrás, se comunica con la faringe por un orificio llamado istmo de las fauces. En la bóveda palatina se pueden distinguir dos partes: una anterior o paladar duro, y una posterior o paladar blando. El borde posterior del paladar blando presenta una prolongación, la úvula, y a cada lado dos repliegues curvilíneos, uno anterior y otro posterior, llamados pilares anteriores y posteriores del velo del paladar. Dichos pilares contribuyen a limitar la fosa amigdalina. En el piso de la boca encontramos el frenillo, que es un pliegue mucoso que une la cara dorsal de la lengua con la mucosa del piso de la boca. La lengua ocupa la parte media del piso de la boca. Su cara superior está dividida en dos partes, una anterior o bucal y otra posterior o faríngea, por un surco llamada surco terminal [10].

La cavidad oral y el vestíbulo están cubiertos de una membrana mucosa que continúa a lo largo del tracto gastrointestinal. Esta mucosa oral consiste en tejido conectivo (lamina propia), cubierto por epitelio estratificado queratinizado o no queratinizado. Anatómicamente, la mucosa oral está localizada entre la capa mucosa del tracto gastrointestinal y la piel de la cara, de modo que adopta propiedades de ambos tejidos (Figura 1).

En la boca se pueden distinguir tres tipos de mucosa: mucosa de revestimiento, mucosa masticatoria y mucosa especializada, cada una con características diferentes dependiendo de la función que cumplan y la fuerza a la cual estén expuestas (Tabla 1).

Mucosa de capa simple (60%): Cubre labios, mejillas, piso de la boca, superficie ventral de la lengua, paladar blando y mucosa alveolar

Mucosa masticatoria (25%): Cubre el paladar duro y la zona gingival

Mucosa especializada (15%): Cubre el tercio posterior de la superficie dorsal de la lengua y el área roja correspondiente a los labios en transición con la piel (Tabla 1 para mayor información) [11].

 

Estructuras inmunológicas

 

El epitelio oral provee una barrera mecánica como defensa primaria a la invasión de microbios; estas células juegan un importante rol en el reconocimiento de los antígenos y en generar una respuesta similar a la de las células fagocíticas de la inmunidad primaria. Su función es reconocer los PAMP (patrones moleculares asociados a patógenos), de lo que deriva la activación de una forma de traducción de señal, trascripción de factores y expresión de genes de inmunidad innata como IL-1β, IL-8 y HDP. Estos péptidos llamados defensinas se encuentran en la superficie mucosa de la cavidad oral y tienen una actividad antimicrobiana de gran espectro que impide la colonización microbiana [12].

En los humanos, las alfa-defensinas o péptidos de neutrófilos humanos (PNH 1-4) forman parte de los gránulos azurófilos de dichas células y se han encontrado en la saliva y fluido cervicular gingival en personas sanas y en diferentes enfermedades orales [13,14]. Beta-defensinas son péptidos que se expresan en las células epiteliales, así como en ciertos tipos de células del linaje mieloide, y cumplen un papel importante en la protección de la flora de la cavidad oral y en su mantenimiento [15,16].

La cavidad oral, como se menciono anteriormente, está cubierta por una estructura llamada MALT (tejido linfático asociado a mucosa) que juega un importante rol en la inmunidad de mucosa tanto innata como adaptativa, debido a la proximidad de las células epiteliales con el medio externo y a la exposición a antígenos. Su función es facilitar la captación de éstos, para su procesamiento y presentación a fin de inducir la respuesta adecuada. Esto es posible gracias a las estructuras funcionales que componen el tejido, entre las que se encuentran los folículos linfoides, glándulas salivales, el anillo de Waldeyer y placas de Peyer [17,18].

Los folículos linfoides están cubiertos por un epitelio especializado denominado células epiteliales asociadas a folículo o células M, que toman y transportan los antígenos desde el lumen intestinal hacia dentro del tejido linfoide. Luego de la presentación del antígeno por células accesorias, los precursores de células B y T abandonan el GALT por vías linfáticas eferentes y llegan a la circulación periférica a través del ducto toráxico. Las células B y T circulantes migran hacia la lámina propia del intestino, pulmones, tracto genitourinario y glándulas secretoras, donde son selectivamente retenidas [19-21]. En este tejido glandular y mucoso, el precursor de la célula B IgA+ se expande y madura en células plasmáticas IgA+ bajo la influencia de células T. Esta distribución de células desde tejidos inductivos como el GALT a tejidos glandulares o mucosos distantes se refiere al sistema inmune común de mucosas. Esto explica la existencia de IgA-s específica en las secreciones glandulares sin una estimulación antigénica directa [22-24].

El anillo de Waldeyer en humanos está formado por la amígdala nasofaríngea, las amígdalas tubales, amígdalas palatinas y la amígdala lingual (Figura 2). Algunos estudios han demostrado que el anillo de Waldeyer humano es estructuralmente semejante al de los cerdos y funcionalmente comparable con el tejido linfático asociado a nasofaringe (NALT) de los roedores, pues ambos están estratégicamente localizados en regiones destinadas a funciones inmunes contra antígenos del aire y alimentarios [25].

Se ha considerado que el NALT, adenoides y amígdalas humanas podrían ser tan importantes como el GALT, por poseer una estructura adecuada funcionalmente comparable a otros sitios inductivos, y por generar una respuesta de células B secretoras de IgA específica, que luego migran a otros sitios del cuerpo, como los ductos de glándulas salivales [26,27].

Las amígdalas son órganos linfoepiteliales que no poseen capsula, ni vasos linfáticos aferentes. El epitelio que rodea la amígdala es una superficie con invaginaciones, las cuales van formando unas distinguidas estructuras llamadas criptas. Éstas son funcionalmente muy importantes, ya que la forma y ubicación permite captar de manera eficiente los antígenos [28].

En el epitelio reticular de las criptas están ubicadas células dendríticas (CD), encargadas de captar los antígenos y presentarlos a células T CD4 ubicadas en áreas extra foliculares. Estas ultimas van a cooperar con células B vírgenes, y a darles el estímulo correcto para colonizar los folículos primarios y formar el centro germinal. De esta forma se generan células B productoras de Acs específicos, principalmente IgA (18-30%) e IgG (55-72%) que se secretan in situ, lo cual permite luego encontrarlos en saliva y gracias a ciertos vasos eferentes es posible hallarlos en sangre [29-31].

La cavidad oral está humedecida por secreciones que la lubrican y protegen, producidas por las glándulas salivales. Como puede observarse en la Figura 3, en los humanos existen tres pares de glándulas salivales mayores, entre ellas parótida, submandibular y sublingual, y numerosas glándulas salivales menores, como las labiales y las linguales.

Su rol en la protección de la boca se basa en la producción de la saliva y de sus proteínas, la más importante IgA salival, producida por células plasmáticas adyacentes a los ductos y acinos de las glándulas salivales. Como se sabe, la respuesta de IgA salival contra antígenos orales puede ser inducida por los mecanismos ya conocidos y mencionados que involucran tejido linfoide asociado a intestino (GALT) y tejido linfoide asociado a nasofaringe (NALT), y otros recientemente descubiertos que suponen que los antígenos orales podrían estimular la proliferación y diferenciación de células linfoides localizadas en las mismas glándulas salivales.

Aunque esto no está muy desarrollado, se cree que los antígenos orales podrían ingresar a los ductos de las glándulas por flujo retrógrado natural y ganar acceso a células del sistema inmunológico a través de la endocitosis por el epitelio ductal. El antígeno sería así captado por macrófagos y presentado a células T y B [32].

La evidencia indirecta de la presencia de un sistema inmunológico local asociado a las glándulas salivales derivó de estudios de inmunización tópica. La colocación de antígenos en el ducto parotídeo de monos demostró la inducción de anticuerpos de IgA salival [33-35], del mismo modo que se realizó luego en humanos a través de la aplicación tópica de glucosiltransferasa de Sreptococcus sobrinus en la mucosa labial [36-37].

La estimulación inicial de células B secretoras de IgA en mucosa se lleva a cabo principalmente en tejido linfoide asociado a mucosa (MALT), particularmente en las placas de Peyer del íleon distal así como en otras partes del tejido linfoide asociado a mucosa (GALT). A partir de estas estructuras organizadas, las células B activadas llegan a la sangre periférica y migran a los sitios efectores, donde su extravasación depende de las moléculas de adhesión y quimiocinas [38].

Una vez que las células plasmáticas productoras de IgA llegan a los sitios efectores, como por ejemplo las glándulas salivales, se produce la secreción de inmunoglobulinas [39]. Como se observa en la Figura 4, la IgA polimérica contiene la cadena J, secretada por la célula plasmática, que es específicamente reconocida por el receptor polimérico de inmunoglobulina (PIgR) localizado en la superficie basolateral de células ductales y acinares [40]. El complejo que se forma de la unión de la IgA polimérica y el PIgR es internalizado por endocitosis dentro de vesículas y transportado a la superficie apical de células epiteliales. Luego de la fusión de la vesícula con la membrana celular, el PIgR es clivado proteolíticamente pero una pequeña porción de él, llamada componente secretor (SC), persiste ensamblada a la IgA polimérica y este conjunto es liberado a las secreciones con el nombre de IgA secretora (IgA-s). Durante la translocación externa se produce una unión covalente disulfuro que estabiliza el complejo IgA-SC [41], el cual finalmente puede hallarse en la saliva.

 

Células dendríticas de la cavidad oral

 

La mucosa oral es una zona muy expuesta al ingreso de todo tipo de antígenos externos, partículas de comida, flora comensal y patógenos como bacterias, virus, hongos, entre otros.

Las células dendríticas (CD) son un grupo heterogéneo de células presentadoras de antígenos, importantes en la activación y regulación de la respuesta inmune innata y adaptativa [42].

En ratones, así como en humanos, estas células constituyen una población celular muy heterogénea en términos de fenotipo y función. Se diferencian en al menos cuatro formas: CD Langerhans, CD mieloides, CD linfoides y CD plasmocitoides.

Las progenitoras de CD de médula ósea migran vía sanguínea para ir luego a tejido periféricos para confrontar los patógenos. En sangre periférica humana hay al menos dos grandes grupos: células dendríticas mieloides y células dendríticas plasmocitoides (CD11c+ CD123- y CD11c- CD123+) [43].

En algunos ambientes como la piel y mucosas, su función consiste en censar constantemente el medio ambiente y estar atentas a la llegada de microorganismos patógenos para detectar los patrones moleculares asociados a patógenos (PAMP) a través de los receptores de reconocimiento de patrones (PRR) [44]. Los ingieren por fagocitosis y luego migran a zonas de células T en órganos linfáticos secundarios y se convierten en células maduras, que dan la coestimulación necesaria para activar células T CD4+ y CD8+ [45-47].

La mucosa bucal tiene dos tipos de CD: células de Langerhans, que residen en las capas epiteliales y están orientadas probablemente a censar en los fluidos orales, y CD intersticiales y de submucosa, que son la contraparte de CD térmicas de la piel y residen en la base de la membrana del epitelio de la mucosa [48]. Ellas son las encargadas de capturar antígenos y migrar hacia un sitio inductivo, como puede ser el anillo de Waldeyer, para iniciar la respuesta inmune adaptativa.

En uno de los últimos trabajos publicados por Narumon Chalermsarp y Miyuki Azuma sobre células dendríticas de mucosa oral, se investigó que subpoblaciones de CD de mucosa oral migran a nódulos linfáticos regionales (NLR) para generar una respuesta adaptativa. Con este fin se pintó la mucosa oral de ratón con isotiocianato de fluoresceína (FITC: fluorescein isothiocyanate) y se analizó la expresión de ciertas moléculas funcionales en CD [49,50].

Consiguieron al fin identificar cuatro subpoblaciones (S) bien diferenciadas en cuanto a fenotipo: S1: CD11c++ CD207-; S2: CD11c+/- CD207-; S3: CD11c+/- CD207+; y S4: CD11c++ CD207+.

Además de estos marcadores, se observó que estas subpoblaciones se diferenciaban en su velocidad de migración a los NLR. La S1 de CD migraban tempranamente (antes de las 24 horas), pero disminuían inmediatamente. La S2 migraban continuamente a NLR y su flujo se mantenía relativamente constante. La S3 eran las que migraban más lentamente.

Por otro lado se observó que las tres fracciones expresaban en altos niveles CD80, CD86 y MHC II (complejo mayor de histocompatibilidad), lo cual sugirió que estas CD pertenecen a un estadio inmaduro y tienen la capacidad de presentar antígenos. Además expresaron CD11c++ y F4/80+, indicadores de origen mieloide.

Con estas características se ha podido concluir que las CD S1 son residentes de mucosa y piel, por ser las primeras en llegar a NLR, las CD S2 son circulantes de sangre recientemente reclutadas a la mucosa y piel, por eso su continua migración, y las CD S3 son CD207+ lo cual indica que son células de Langerhans, es decir son CD inmaduras de mucosa, últimas en llegar al sitio inductivo.

Por último, también se encontró una población a la que denominaron S4, con fenotipo CD11c++ CD207+, que no expresan F4/80 y poseen bajos niveles de CD11b. Esto llevó a la conclusión de que son CD residentes de nódulos linfáticos que se encuentran en un estadio inmaduro por su baja expresión de CD80, CD86 y MHC II [51].

Recientemente se ha demostrado que alergenos pueden ser capturados dentro de la mucosa oral por CL que expresan receptores de alta afinidad para la IgE, y luego producen IL-10, TGF-beta, y regulan positivamente indoleamina dioxigenasa, lo que sugiere que estas células son propensas a inducir tolerancia [52].

Se sabe que las células de Langerhans (LC) son capaces de estimular una respuesta inmune activando células T antígeno específicas luego de migrar a nódulos linfáticos regionales [53,54], pero también se reconoce su importancia en la inducción de tolerancia contra antígenos, estimulando una reacción inmune protectora [55]. Se demostró recientemente que las LCo difieren fenotípicamente de las células de Langerhans de piel (LCp), en la expresión del receptor de lipopolisacárido CD14 y por la mayor afinidad al receptor de IgE (FceRI), lo que las hace más eficientes en la unión y captura de alergenos durante la inmunoterapia sublingual (SLIT) [56].

Por otro lado, los mastocitos de mucosa oral pueden pertenecer a dos subpoblaciones, MC triptasa+/quimasa- (MCt), y MC triptasa+/quimasa+ (MCtq). Estos últimos son los que predominan en la boca y los que contienen los gránulos de histamina, por ello se los relaciona con los efectos adversos [57].

Todavía persiste el interrogante sobre si el lugar en donde se aplica el alergeno en la SLIT es el más apropiado, ya que en algunos individuos se observan ciertos efectos adversos (reacciones locales en mucosa oral especialmente en región sublingual y en el tracto gastrointestinal). En una publicación reciente se estudió la distribución de LCo y de los mastocitos (MC) en diferentes aéreas de la cavidad oral [58]. Los resultados claramente indicaron que las MCtq se encuentran en cantidad significativa sobre la zona gingival, mientras que en mucho menor porcentaje en el paladar y la lengua. Un dato importante fue su alto número en los ductos y lóbulos de las glándulas sublinguales. Por otro lado, las LCo se encuentran de manera significativa en el vestíbulo, en paladar duro y lengua, y en menor porcentaje en la región sublingual y gingival del tejido de la mucosa oral (Figura 5).

Esto permite concluir que si bien la inmunoterapia sublingual es efectiva, se realiza sobre un área de abundantes MC que se fijan en los ductos y lóbulos de la glándula sublingual y es lo que provoca los efectos secundarios ocasionados en algunos individuos.

Los últimos estudios se han concentrado en las posibles soluciones a dicho inconveniente, y en la posibilidad de realizar la aplicación del alergeno en un sitio distinto, caracterizado por una baja densidad de MC y gran número de LC que asegure el éxito del tratamiento, en este caso nos referimos a la zona del vestíbulo, paladar duro y mucosa lingual.

 

Importancia de la saliva en la salud bucal

 

La secreción de saliva y de sus componentes está regulada por el sistema nervioso autónomo. Las glándulas salivales son inervadas por nervios del sistema simpático y parasimpático. La estimulación por el sistema parasimpático provoca la secreción de saliva, aumentando su volumen pero haciéndolo pobre en contenido de proteínas, debido a la vasodilatación de la glándula. Por otro lado, la estimulación por el sistema simpático provoca un bajo volumen de saliva, pero rico en sus componentes [59].

La saliva es una secreción compleja proveniente de las glándulas salivales mayores en el 93% de su volumen y de las menores en el 7% restante, las cuales se extienden por todas las regiones de la boca excepto en la encía y en la porción anterior del paladar duro. La secreción diaria oscila entre 500 y 700 ml, con un volumen medio en la boca de 1,1 ml. Su producción está controlada por el sistema nervioso autónomo [60].

Este fluido tiene múltiples funciones, entre ellas: lubricación de la boca, rol que desempeñan proteínas como las mucinas, glicoproteínas ricas en prolina, mantenimiento de la integridad de la mucosa y limpieza, preparación de los alimentos para la deglución y su digestión a través de la amilasa, lipasa, ribonucleasas, proteasas, agua y mucinas, mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas orales y del balance de la microbiota oral, no permite la agregación bacteriana, entre muchos otros [61].

Las proteínas más importantes implicadas en el mantenimiento de los ecosistemas orales son: la alfa-amilasa, que ayuda a inhibir la adherencia y crecimiento de bacterias; la lisozima, que facilita la destrucción de éstas clivando los componentes polisacáridos de sus paredes; y la lactoferrina, que tiene actividad antiinflamatoria y antimicrobial, compite con las bacterias por el ion férrico y previene su crecimiento, además de actuar contra algunos de los virus más comunes que afectan las vías respiratorias altas [62-64]. Existe aún un componente más importante que preserva la inmunidad de la boca: las inmunoglobulinas, preferentemente IgG e IgA sérica y, en su mayoría, IgA secretora [65].

Se sabe que hay muchos factores que influyen en la tasa de flujo salival y en la secreción de las proteínas; como consecuencia, el cuerpo en ciertas ocasiones está menos protegido contra el ingreso de antígenos del aire o de los alimentos.

Con el fin de realizar estudios longitudinales, algunos recomiendan reportar el flujo de secreción de proteínas salivales (g/min), mientras que otros sugieren que la concentración actual (g/ml) podría ser una mejor alternativa, por ejemplo para la IgA-s. La realidad es que es muy difícil recolectar una muestra de saliva que sea representativa a la salud bucal del paciente, debido a que hay miles de factores intraindividuales que tienden a modificar la secreción del fluido. De modo que probablemente la mejor manera de realizar un estudio sea detectar la concentración absoluta y el flujo de secreción, en dos muestras tomadas de la misma forma y en el mismo momento del día [66,67].

Existe una variación considerable en la tasa de flujo salival y en la secreción y concentración de sus componentes, tanto intraindividual como interindividual. Respecto de las variaciones intraindividuales, se han observado por ejemplo oscilaciones circadianas en la concentración de IgA, que decrece a lo largo del día desde sus valores más altos por la mañana temprano, hasta los valores más bajo por la tarde. No ocurre lo mismo con la tasa de secreción de IgA ni con la tasa de flujo salival, en donde las transiciones a lo largo del día no son significativas [68].

Respecto de las variaciones intraindividuales e interindividuales, la tasa de flujo salival se ve influida por múltiples factores como: hábito de fumar, embarazo, distintos tipos de situaciones de estrés, edad, factores hormonales, estados emocionales, actividad física, condiciones genéticas, prácticas nutricionales e ingesta de líquidos, entre muchos otros [69,70]. Por ejemplo, una reducida ingesta de calorías, inferior a 1200 Kcal por día, origina una menor tasa de secreción de IgA-s luego de 24 horas [71].

Varios estudios se han concentrado en comprobar si realmente un ejercicio estresante, de períodos intensos, podría estar asociado con una supresión inmune que dejara más expuesto al individuo a contraer infecciones respiratorias del tracto superior [72,73].

Se ha sugerido que la estimulación de las glándulas salivales por la actividad nerviosa simpática reduce la tasa de flujo salival a través de la vasoconstricción de los vasos sanguíneos que las irrigan. Sin embargo, es importante tener en cuenta que esto no es parte de la respuesta refleja a estímulos como ansiedad, gusto de mascar y vista de los alimentos. En condiciones de reflejo se ha demostrado que la vasodilatación no es responsable de las alteraciones del volumen de saliva, debido a que solo las fibras nerviosas simpáticas secretomotoras y no las fibras nerviosas vasoactivas son estimuladas [74,75].

Esto sugiere que la disminución en la tasa de flujo salival asociada al ejercicio agudo está probablemente más relacionada con la supresión del parasimpático, es decir, influencias vasodilatadores, en lugar de la vasoconstricción mediada por el simpático, sobre todo por la sensación de boca seca asociadas con el estrés psicológico, que están relacionados con el parasimpático más que con el simpático [76].

Se realizaron estudios en atletas y no atletas para comparar la concentración de IgA-s. La mayoría de los estudios indicaron que los niveles no tenían diferencias significativas, excepto en entrenamiento de mucho esfuerzo tal como los períodos de entrenamiento militar, en donde no solo se involucraba la actividad física estresante sino también conductas alimentarias, deprivación del sueño y cambios psicológicos. Estos múltiples factores podrían haber inducido un patrón de respuestas inmunoendocrinas que amplificarían las alteraciones involucradas por el ejercicio. Si bien algunos investigaciones han demostrado esta disminución en la concentración de la IgA-s, ha sido muy difícil comprobar algo sobre la relación negativa respecto de la mayor probabilidad de contraer infecciones respiratorias del tracto superior.

Se plantea que la secreción de IgA estaría dada por modificaciones de largo término (días), que incluirían mecanismos de síntesis de IgA, y de corto término (minutos), que podrían estar asociadas a un incremento de la habilidad del receptor polimérico de inmunoglobulina (pIgR) que aumenta la transcitosis de esta proteína. La constatación de una mayor movilización del pIgR sólo se produciría por encima de un determinado umbral de estimulación, pero el hallazgo de una disminución en los niveles de IgA-s frente a un ejercicio muy extenuante parece ser más difícil de explicar [77].

Un estudio reciente en ratas demostró que a raíz de una carrera en cinta hasta lograr el agotamiento (60 minutos aproximadamente), disminuye la concentración de IgA-s y esto podría estar asociado a una disminución de la expresión del ARNm del pIgR.

Aunque altamente especulativos, esto podría implicar que hay un segundo umbral crítico de estimulación, por encima del cual se convierte en una regulación negativa de la expresión del pIgR. Este tipo de modificaciones en la síntesis de IgA-s podría observarse en respuestas a largo plazo que involucren una serie de estresores psicológicos y físicos de tipo crónico [78].

 

Conclusión

 

La cavidad oral, al igual que el resto del tracto digestivo, está cubierta de una estructura llamada MALT (tejido linfoide asociado a mucosa). Éste posee gran importancia gracias a que permite montar una adecuada respuesta inmunológica tanto innata como adaptativa, frente a cualquier antígeno del aire o proveniente de los alimentos.

La mucosa bucal tiene dos tipos de CD: células de Langerhans, que residen en las capas epiteliales, y CD intersticiales y de submucosa, cuya función consiste en censar constantemente el medio ambiente y estar atentas a la llegada de microorganismos patógenos. Según los últimos estudios realizados, las CD de cavidad oral al reconocer un patógeno y estimularse migran a nódulos linfáticos regionales (NLR) a fin de presentarlo a células T. Tres tipos de CD pueden migrar a NLR: una subpoblación S1, residentes de mucosa y piel, que son las primeras en llegar a NLR; la S2, circulantes en sangre y recientemente reclutadas a la mucosa; y la subpoblación S3, que son CL inmaduras de mucosa CD207+ capaces de presentar antígenos, y son las últimas en llegar a NLR.

Las últimas investigaciones se concentraron en demostrar también que la cavidad oral por sí misma es capaz de desarrollar una respuesta inmune especifica en ciertos sitios inductivos como el anillo de Waldeyer.

Se ha considerado que el tejido linfático asociado a nasofaringe (NALT), adenoides y amígdalas humanas podría ser tan importante como el GALT para generar una respuesta de células B secretoras de IgA específica, que migran a otros sitios del cuerpo, como los ductos de glándulas salivales. De esta forma se generan Acs específicos, principalmente IgA (18-30%) e IgG (55-72%), que se secretan in situ, lo cual permite luego encontrarlos en saliva y en sangre.

La IgA salival es una de las proteínas más importantes de la saliva por sus múltiples funciones de protección de la cavidad, principalmente a través del mecanismo de exclusión inmune. Una alta incidencia de infecciones se presenta en individuos que poseen deficiencia selectiva de IgA o una baja tasas de flujo salival. Por otra parte, altos niveles de IgA salival se asocian con baja incidencia de infecciones del tracto respiratorio superior.

Si bien algunos estudios han demostrado la disminución en la concentración de la IgA-s, ha sido muy difícil comprobar una relación con la mayor probabilidad de contraer infecciones respiratorias del tracto superior.

Se piensa que la secreción de IgA estaría dada por modificaciones de largo término (días) que incluirían mecanismos de síntesis de IgA, y de corto término (minutos), que podría estar asociado a un incremento de la habilidad del pIgR de aumentar la transitosis. La constatación de una mayor movilización del pIgR sólo se produciría por encima de un determinado umbral de estimulación, pero el hallazgo de una disminución en los niveles de IgA-s frente a un ejercicio muy intenso parece ser más difícil de explicar.

Un estudio reciente en ratas demostró que, a raíz de un ejercicio muy extenuante, disminuye la concentración de IgA-s y esto podría estar asociado a una disminución de la expresión del ARNm del pIgR.

Si bien se han realizado avances importantes, las investigaciones necesarias para comprender todos los mecanismos de defensa que protegen la cavidad oral todavía no son suficientes. Menos aún luego de demostrar su importancia no sólo por ser una de las estructuras más expuestas al ingreso de patógenos, sino también por su rol en la formación de una respuesta inmunológica.

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Autores

Stefania Santo
Departamento de Bioquímica Clínica, CIBICI, Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Rep. Argentina..
María Fernanda Suárez
Departamento de Bioquímica Clínica, CIBICI, Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Rep. Argentina..
Horacio Marcelo Serra
Departamento de Bioquímica Clínica, CIBICI, Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Rep. Argentina..

Autor correspondencia

Horacio Marcelo Serra
Departamento de Bioquímica Clínica, CIBICI, Facultad de Ciencias Químicas, Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Rep. Argentina..

Correo electrónico: hserra@bioclin.fcq.unc.edu.ar

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Cavidad oral: importante sitio de vigilancia inmunológica

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Archivos de Alergia e Inmunología Clínica , Volumen Año 2011 Num 1

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Archivos de Alergia e Inmunología Clínica
Número 1 | Volumen 42 | Año 2011

Titulo
Cavidad oral: importante sitio de vigilancia inmunológica

Autores
Stefania Santo, María Fernanda Suárez, Horacio Marcelo Serra

Publicación
Archivos de Alergia e Inmunología Clínica

Editor
Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica

Fecha de publicación


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© Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica

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